miércoles, 14 de mayo de 2008

DANIELA

Daniela es mi amiga. Hace más de veinte años que lo somos, desde la escuela secundaria. Junto a otras tres mujeres formamos una especie de "secta" con códigos tácitos, afianzados en el sentimiento de una hermandad cerrada donde nadie más podrá ingresar jamás. (... Solo las 5) Daniela, como el resto de las integrantes sigue su proceso de aprendizaje en la vida y como cada una de nosotras, a su tiempo, elije como rendir exámen al Destino. Daniela cumplió años el 23 de Abril, y ese día la presión arterial le subió a 23. (2 mas 3 = 5) Los médicos le dijeron que a pesar de ser joven, la hipertensión que arrastra desde la adolescencia, favoreció que su cuerpo soportara el zimbrón. Otra persona habría muerto o tenido consecuencias irreparables. Agregaron que fue un milagro que no hubieran quedado lesiones cerebrales ni coronarias. Lo suyo es "emocional". -"No se como controlarlo"- decía ella- "No estoy preparada para manejar situaciones que para otros, son nimiedades". La neuróloga le tiró la frase: "Andá pensando en buscar apoyo psicológico"... Horas y horas de mates y asados hemos consumido en charlas de las 5. Desde cómo afrontar nuestros fracasos, hasta compartir las mayores felicidades o éxitos. Cada una tiene claro lo que es bueno, pero no siempre lo aplicamos. (La suma de los días en que cumplimos años, da 5) 23 de abril, 11 de Septiembre, 29 de Junio, 29 de Octubre, 03 de Diciembre) Daniela se recuperó ese día. Pero hoy 14 de Mayo, ya lleva tres días en el hospital; volvió a colapsar. Los médicos no pudieron suministrarle la dosis correcta de pastillas. Dicen que es difícil. Su estado es para una presión normal, no se explican porque sube de golpe. Mientras tanto en medio de las pruebas medicinales, Daniela alterna taquicardia con visión de estrellitas, dolor de cabeza, nerviosismo, lengua bola, lapsus... Para decir poco de su personalidad, nadie imaginaría que una persona tan tranquila, suave, cálida, generosa, cansina pero activa, nada efusiva y pensante, podría alterarse de tal forma. Pero ella es como un cofrecito que guarda todo, comprime lo lindo y lo feo. Se calla la mayoría de las veces. Tiene tanta cosa de buena (o de pelotuda diría), que un verano conoció un matrimonio cuyos hijos jugaron con los suyos en el río y durante el tiempo que duraron sus vacaciones, los extraños le dejaron los pibes para que haga de niñera mientras ellos disfrutaban. Y esto es solo un ejemplo. Empecé a escribir sobre ella porque sé que está aburridísima en la sala del hospital y le prohibieron recibir llamadas -"hasta que no sepan quién te altera"- le dije bromeando. Ella sigue el chiste y me echa la culpa; dice que soy yo porque la abandono. Pero sé que está felíz por mí. De las 5 amigas, Daniela y yo tememos una especie de "transmisión" que nos ha conectado especialmente. Quizás por eso escribo. Para quitarle el aburrimiento. A ella le gusta leer poesía y se emociona fácilmente con historias románticas. Quién sabe... tal vez algún día escriba la suya.