domingo, 29 de julio de 2007

EN NOMBRE DE LA PAZ

Los visitantes de mi región suelen envidiar sanamente nuestra vida, con frases tales como: "Para ustedes es como estar todo el año de vacaciones con esta paz". En cierta forma, tienen razón. Luego de la rutina laboral, las complejidades diarias y una semana agotadora podemos simplemente posarnos en la vereda y respirar hondo. Enfocar la mirada hacia el este y colorear las sierras. Atrapar el viento, impregnarnos con el aroma de los pinares, caminar unos pasos hasta el río. Si elegimos ir más allá es posible, montaña arriba, encontrar más silencio e inmensidad. Nada queda muy lejos. Sierra arriba, la gente es menos prescindible, no requiere comodidades, puede soportar el frío y la miseria, alimentarse cuando encuentra trabajo. Por llevarse el mayor consuelo que el mundo exige, LA PAZ, ya no tienen derecho a pedir nada más. Lo tienen todo. ¿Porqué pedirían una vivienda digna ? ¿Para qué querrían luz eléctrica? ¿Porqué preocuparse por proteger sus ríos? ¿Para qué cuidar los bosques? Esa Paz a la que aluden los turistas, se enamora de lo trágico en muchas ocasiones. Pero es LA PAZ, al fin. A pocos metros de este panorama, los inversores erigen bellísimos complejos de alojamiento, aunque sus domicilios están en las grandes urbes. No ven el fuego vivo de la paz. Una pena. No saben lo que se pierden.