sábado, 30 de junio de 2007

ANÉCDOTA...

Los "Cariñoso", de la ciudad de Rosario veraneaban en mi barrio turístico. Estos chicos tenían un apellido que no quisiera mencionar, pero por sinónimo, algo así como "Cariñoso". Tres hermanos, de las edades de tres de nosotras las hermanas, por lo cual su madre muy simpática, quería "hacernos gancho". Entonces yo tenía 13 años y mis hermanas 12 y 10. Mi primo hermano, también de vacaciones por entonces, nos marcaba las pocas virtudes de los "galanes" y por supuesto, la gracia de esa madre empecinada en noviazgos, cuando ni ellos ni nosotras, pensábamos más que en videojuegos y castillos de arena en el río. Eran buenos chicos. Nos divertimos ese verano los siete (mi primo de guardia por si acaso). Tal fue así, que lloramos todos en la despedida y durante el resto del año, los mayores, nos escribíamos cartas. Un mundo se reveló con la comunicación epistolar. Especialmente de los "Cariñoso" mayores, cuyas palabras lograban enternecernos y hasta ¡enamorarnos! Llegaba una carta para cada una... ¿Cómo podían escribir tan bello esos niños de orejas grandes y ojos caídos que nos resultaban tan inanimados? Luego de un tiempo, en un acto fallido, reparamos que su madre era la autora. Al año siguiente, fui a la casa de mi primo en Rosario y me propuso visitar a los "Cariñoso". Al llegar, nos recibió su madre. Solo se encontraba uno de ellos, el segundo. Luego de las preguntas de rigor, sobre mis padres y el pueblo, la señora nos preguntó si gustábamos un tecito. Para no despreciar, asentimos, a pesar de que mi primo detesta el té, no sugirió nada más. Es que no hubo otra opción. Mientras se alistaba la infusión, cruzamos monosílabos con ese chico, cuya corteza de genio, nos causaba risa contenida. Yo observaba de reojo a mi primo que se mordía ambos labios hacia adentro e inflaba los cachetes. Mientras tanto el silencio se hacía absoluto de a ratos y todo era ya motivo para sonreír sin razón. Evitábamos cruzar miradas para contener la tentación. ¿Que razones le dábamos a esa gente si estallábamos en carcajadas? De pronto aparece la madre, con té en pocillos de café. -"Perdonen chicos pero no tengo azúcar". Ya a esa altura, yo me quería convencer de que estaba allí sola; pensaba cosas horribles para quitarme de la cara la sonrisa cuando no había nada gracioso. Mi primo, a disgusto con el té y encima amargo, comenzó a taparse la boca con las manos para que sus músculos faciales no lo traicionaran. Silencio. La señora se retiró unos minutos y al regresar colocó sobre la mesa una bolsa de papas fritas... -"Coman chicos..." Ya era demasiado. Para completar, mi primo extrajo una papita de la bolsa y amagó con mojarla en el té. Ahí se produjo el estallido. Empezamos a reírnos como locos, disculpándonos entre dientes... Ellos nos miraban desconcertados y preocupados mientras nos despanzábamos a carcajadas.... La vergüenza nos superó, y sin parar de reír corrimos hacia la puerta de salida para no dar explicaciones... sin despedirnos siquiera. EL TE CON PAPAS FRITAS, fue detonante. Agrego que nunca jamás, volvimos a ver a los "Cariñoso". Además tuvimos que soportar los retos de mi tía.
  • El sábado, cumplió años mi sobrino. Repentinamente me encontré a mí misma en esta situación... MATE CON PUFLITOS.