sábado, 19 de mayo de 2007

Gasoleros

6:40 en punto, el reloj biológico me despierta cada mañana, aunque no vaya a trabajar. Lo lindo de los sábados, es que al ver la hora, sé que no tengo la obligación de levantarme. ¡Que hermosa sensación! Seguir durmiendo un rato más... Y ya saben como son las heladas por esta época... Esta mañana, fue una de las tantas en que me arremoliné entre las frazadas después de las 6:40, cuando escucho un motor quejándose. No había forma que ese viejo auto se pusiera en marcha y su conductor insistía... frente a mi casa. Entiéndanme; por aquí los silencios son absolutos. Solo el canto de los gallos y uno que otro perrerío... Cada tanto, un vehículo, raudamente. Es lindo despertar en la mañana cuando no hay apuro, más si el sol acaricia y puedo atraparlo al aire libre, y no tras un vidrio empañado. Eran las siete y no había cesado el conductor en su intento. Entonces, me levanté. El día despuntaba magnífico... -"Buen día don Quito. ¿Está rebelde hoy el mozo?" -"¡Si! ¿Cómo anda usted? ¡No sé porqué no quiere arrancar!" (la gente de la sierra, deja de tutearte cuando cumplís 10 años. Los padres e hijos más arraigados con las tradiciones, se tratan de "usted", desde que nacen hasta el fin) -"¿Lo empujamos cuesta abajo? Le ayudo"... me ofrecí. -"... y ...déle nomás. Pa´l colmo no pasa nadie..." Y allá fuimos... El hombre con la puerta abierta, volanteando. Yo, las manos sobre el baúl y a correr... A los metros, toma embión el cacharro. -"¡Suba don Quito...! ¡Póngale segunda!"... Nada... Poff, Poff, Poff, Poff, Poff,... -"¡Pruebe con el contacto también!" Le gritaba casi sin sangre... Así... tres cuadras. Sin batería. Abandoné, también sin batería. -"Déje, deje... Gracias. No pasa naranja..." me decía. Yo no podía hablar. En eso, bajaban los muchachos con el camión de la basura, y en sentido contrario se acercaba el Piki regando la calle con el destartalado Bedford. Mi participación desde ese momento, se remitió a escuchar. -"Che, Piki... ¿No tenés una soga para tirarlo con el camión?", preguntó don Quito. -"Sí, en casa -dos cuadras más adelante-, y el alambre que tenía acá, quedó en el paragolpes tirado cerca de lo de tu vieja..." dijo mirándome. "Es que ayer tiramos el colectivito urbano, y se me desoldó, pero lo pechamos*..." Tres más para empujar. ¡¡¡Se va la segunda!!! Corrimos cuesta abajo, hacia donde el camino toma la recta de un giro. Mientras tanto, los muchachos: -" ¡Ahora, don!" "¡Acelere a fondo, don!" Ni chispa. Ufff... -"¿Le sacó el cebador? Fíjese en el filtro de aire"- dijo el que manejaba el recolector. La cuestión, fue que pim, pam, pum, no sé qué de qué, otro levantó una tapita, y.... -"Vamos de nuevo, tiene que arrancar ahora"- No hay dos sin tres.... y la tercera es la vencida suelen decir. Brrrrmm, brmmm, brmmm, brrrrrrrrrrrrrrrrrrrmmmmmmmmm... Allá fué Don Quito echando humo... A lo lejos sacó el brazo por la ventanilla para saludar. -"Bué..., nos vemos gente..." Todos se solidarizaron con uno, y ahora cada uno a lo suyo. Eran la ocho. La helada comenzaba a levantarse.... ************************************************ *pechar: en cordobés, sinónimo permanente de "empujar". Más aún; le dimos un buen "pechón" a Don Quito.