sábado, 10 de febrero de 2007

El progreso de otros

En nuestro pueblo, ya somos un montón. Más vehículos que circulan, más gente que te deja sin el pan que conseguías hasta el mediodía, un puñado de casas que se levantan en medio de la sierra vírgen. Todas las mañanas, me despertaba con el sol en mi ventana. Al gallo del fondo, el primer haz de luz lo hacía cantar a las cinco. Hace un año que canta a las seis. Es que frente a mi ventana (y la de mi gallo), ahora recibo la primera sombra que tapa el sol; la de una hermosa mansión que en su altura no contempló ese instante mágico de mi despertar en años. Tal vez..si le hubiera dicho al dueño... Hoy, temprano, miré hacia esa magnífica vivienda y constaté que mi rayito de las cinco, compañero de cientos amaneceres, entraba por sus cuatro ventanas que dan al este y rebotaba en las persianas bajas. Ellos dormían y jamás despertarán a esa hora... Mucho menos tendrán un gallo en el fondo.

La moto

La moto Lo primero que compré con mi propio dinero, fue una moto. Una Cajiva Garelli chopera, de las cuales solo unas pocas llegaron al país a mediados de los 90. Me enamoré de esa moto, aún cuando gasté lo que valía un lindo automóvil...incluso si me daban a elegir, optaba por ella antes que mi novio. Hubo una época en que solo tenía atenciones para ella, pero desde que comenzó el año, ha llovido tanto, que no he podido pasearla. Y ahí me espera, en su última parada bajo el tinglado, llorando en la lluvia.